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24 Horas de Le Mans 2018: Toyota, al fin

En Deporte Motor | Domingo, 17 de Junio 2018

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Fernando Alonso, Sébastien Buemi y Kazuki Nakajima le dan a Toyota su primer triunfo en el circuito de La Sarthe.  
 

Por José Virgilio Ordaz (@Neckriagen).

 

Toyota pondría la nota, ganara o perdiera esta edición de las 24 Horas de Le Mans. Por años, el único fabricante japonés en alzarse con el triunfo en la justa francesa había sido Mazda, que en 1991 alcanzó la bandera a cuadros con el 787B, único bólido con motor Wankel en lograr esta hazaña.

 

Ya en 1992, si bien se quedaban a seis vueltas del ganador, el Peugeot 905 Evo 1B, el TS010 lograba el primer subcampeonato para Toyota. En 1994 quedaron a sólo una vuelta, pero en ese año, Porsche había regresado para refrendarse como máximo ganador en La Sarthe. En 1999, de nuevo se quedaban a un giro de la gloria, superados en esa ocasión por BMW, que alcanzaba su primer título en la mítica carrera.

 

 

En 2013 el TS030 Hybrid logró un 2-3, pero el triunfo fue para Audi, que había dominado ampliamente desde el año 2000. 2016 fue una de las ediciones más agrias para Toyota, pues cuando habían logrado el liderato absoluto, el TS050 Hybrid con el número 5 falló y no pudo rubricar su triunfo, teniendo que conformarse con un quinto subcampeonato con el auto número 6. El año pasado no fue mejor, dos de sus bólidos no pudieron completar siquiera la mitad de la carrera y el tercer auto llegó apenas en el noveno puesto.

 

Para esta edición, las nuevas políticas corporativas de Volkswagen AG dictaban que sus filiales se centraran en la electrificación, por lo que VW abandonaba el WRC, mientras Audi y Porsche hacían lo propio con el Campeonato Mundial de Resistencia y, por extensión, las 24 Horas de Le Mans en su máxima división, la LMP1, centrándose ahora en la Fórmula E.

 

 

Toyota parecía tener plena libertad para obtener su primer título, pero el verdadero rival en esta ocasión era la propia carrera, la competencia era contra Le Mans. La fiabilidad de las dos ediciones anteriores era un riesgo real, pues aunque los dos Toyota dominaron en la clasificación, ya lo habían logrado en 2017 y baste ver el resultado. Son 24 horas en las que todo puede pasar, como una muestra, casi una tercera parte de los autos no completaron la carrera y en la categoría LMP1, la mitad de los autos quedó sembrada en el circuito.

 

 

Parecía incluso un riesgo inscribir sólo dos autos (hubo tres Toyota el año pasado), además que se temía que las órdenes de equipo echaran a perder el espectáculo y si bien no hubo una lucha fratricida, los TS050 Hybrid con los números 7 y 8 pusieron la nota emocionante de la carrera. Luego que el tenista Rafael Nadal ondeara la bandera para marcar la arrancada, apenas en la primera chicana, el Rebellion 1 se tocaba con un Dragonspeed para perder buena parte del frente del auto, no, no sería fácil para nadie.

 

 

Sébastien Buemi tuvo el primer turno en el auto número 8, donde hizo equipo con el japonés Kazuki Nakajima y el ibérico Fernando Alonso. Buemi supo conservar el primer puesto de la pole pese a que tuvo al auto número 7, con Mike Conway, Kamui Kobayashi y el argentino José María “Pechito” López, tricampeón del WTCC, pegado todo el tiempo, no sólo en los espejos, pues estuvieron llanta a llanta en más de una ocasión.

 

 

La carrera comenzó a las 15:00, hora local, en una tarde caracterizada por el calor intenso que hizo mella en los angostos puestos de manejo. Ya para el segundo turno de Buemi, el suizo olvidó poner el limitador a 80 km/h en una zona lenta por incidente en pista y recibe en penalización un Stop & Go.

 

 

Fernando Alonso tomó su segundo turno al volante en la madrugada. El calor había dado paso al frío, lo que mejoró el rendimiento de los motores y la estadía dentro de los autos, aunque la oscuridad fue una complejidad adicional, prácticamente se trataba de otra pista. Cuando el piloto español vio la pizarra, notó que el auto con el número 7 les llevaba una ventaja de dos minutos y medio, casi una vuelta.

 

 

El primer 'stint' era adaptarse y no cometer errores y cuando me desperté de noche y vi que estábamos a dos minutos y pico por detrás había que apretar los codos y los dientes, si queríamos meternos en la carrera”, indicó el asturiano, para quien sus últimas temporadas en la Fórmula 1 han sido de sequía y de hambruna.

 

Su último podio en la máxima categoría fue en 2014 y su último triunfo en 2013, cinco años. Cuando vio la desventaja contra el otro auto de Toyota, Alonso salió a demostrar su hambre, su sed de triunfo, sus ganas de superarse a sí mismo. De paso, demostró que no era sólo un pasajero en los monoplazas Fórmula, así como su experiencia, pues hizo una remontada espectacular sin incidentes graves.

 

 

En el auto 7 iba “Pechito” López, que no se dejó impresionar por el asturiano, casi parecía retarlo a dar más de sí, por lo que Alonso no dudó en calificar el duelo con el natural de Córdoba como el mejor momento de toda la carrera. Para cuando dejó el auto en manos de Nakajima a las cuatro de la madrugada, la diferencia era de menos de 40 segundos, para el nipón fue un mero trámite recortar esa distancia cuanto el auto coequipero era manejado por su coterráneo Kobayashi, quien sufrió un trompo y tuvo su propia penalización al exceder el número de vueltas posibles (11) en modo híbrido apenas en el giro 23.

 

Una vez que el auto con el número 8 recuperara la primera posición hizo lo imposible por mantenerse ahí. Nakajima y Kobayashi cerraron la carrera, esto era particularmente meritorio para el coequipero de Alonso, Toyota no sólo lograba la foto del cierre final con dos autos y dos pilotos japoneses, Nakajima se sacaba la espina de 2016 cuando, con el motor muerto, permaneció estoico viendo como Porsche les arrebataba la victoria, mientras el resto del equipo se quebraba ante el infortunio.

 

 

En los pits, durante la última hora, el equipo de Toyota vivía una tensión creciente y silenciosa, sólo a una vuelta del final, cuando los técnicos indicaron que nada podría fallar, el equipo, encabezado por Alonso y Buemi, se permitió relajarse y salir a ver el final de la carrera desde el borde de la pista. Los autos 8 y 7 recibieron la bandera a cuadros, en ese orden, mientras el equipo de Toyota estallaba en júbilo y entre las banderas de Toyota Gazoo Racing asomaron algunas de Japón, España y, como no, una de Suiza para Buemi.

 

 

Nakajima mantuvo un semblante pétreo la última hora, sólo tras cruzar la línea de meta se permitió sonreír, algo que se apreció a pesar del casco, mientras sus ojos se pusieron húmedos. No perdió la compostura hasta que Alonso y Buemi se acercaron al auto mientras gritaban, reían y golpeaban el auto del japonés. Los tres se encaramaron como pudieron al auto y dieron el paseo triunfal, demostrando que, pese a su no siempre bienvenido trato ríspido en F1, donde se corre y se compite solo, Alonso también sabe correr en equipo. Mientras, como marca la tradición, el público comenzó a invadir la pista.

 

 

Alonso consigue su primer triunfo en cinco años, su primer triunfo en su primera oportunidad en Le Mans, el primer triunfo para Toyota y se coloca como el segundo piloto ibérico en conquistar la prueba, luego de Marc Gené. ¿Contento, sorprendido, satisfecho? El ovetense señaló que se sentía en shock, luego de 24 horas de tensión y con la adrenalina a tope, lo siguiente era tratar de dormir un poco y quizá al día siguiente podría asimilar lo ocurrido.

 

 

Pechito” López alcanza un segundo puesto en su segunda carrera en LM, tras un retiro el año pasado. Su semblante denotaba sus sensaciones agridulces, luego de mantener el primer puesto por algunas vueltas. Memo Rojas Jr., si bien supo mostrar su capacidad y se mantuvo en el top 3 de la categoría LMP2, vio con decepción como la transmisión del Gibson GK428 4.2 L V8 no dio más de sí a tres horas del final. El tercer puesto fue para el Rebellion Racing número 3, pilotado por Thomas Laurent, Gustavo Menezes y Mathias Beche.

 

 

Jacky Ickx, histórico de Le Mans con seis triunfos, fungió como Grand Marshall de esta edición, por lo que fue él quien entregó los trofeos a los pilotos y el equipo ganadores. Aunque no compitió en LMP1, Porsche triunfó en LMGTE-Pro para conmemorar su 70 aniversario, el 911 RSR con el número 92 rescató los colores tradicionales “Pink Pig”, mientras el director de equipo se permitía celebrar como si fuera un triunfo absoluto. Más atrás, en la categoría LMGTE-Am, otro 911 RSR, pero del equipo particular Dempsey-Proton, también obtenía la victoria.

 

 

Toyota parece tener todo para rubricar un nuevo triunfo en 2019, donde algún nuevo competidor sólo haría mucho más emocionante la carrera. Nos vemos en las próximas 500 Millas de Indianápolis, donde Fernando Alonso hará un nuevo intento por alcanzar la triple corona.

 

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