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Ferrari Portofino: primer contacto

En Pruebas | Viernes, 08 de Junio 2018

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Con una velocidad máxima superior a 320 km/h, el Ferrari Portofino es posiblemente el convertible de techo rígido más rápido del mundo. Pero ya a velocidades mucho más bajas es capaz de desplegar gran parte de su encanto.  
 

Por Heinrich Lingner Y Manuel Fernández                     Fotos: Lorenzo Marcinno

 

El sur de Puglia puede no ser la zona más excitante de Italia. El tramo de tierra que transcurre con el mar Adriático al este y el golfo de Taranto al oeste es llano y difuso, y las paredes encaladas en blanco brillan en los pequeños pueblos, como Ostuni o Alberobello, que se encuentran entre los lugares de mayor interés turístico en la provincia de Brindisi. Una zona de olivos, conocida por su fino aceite de oliva y, por supuesto, porque acoge el área de pruebas que incluye el conocido óvalo de alta velocidad de Nardó, que ahora pertenece a Porsche.

 

 

Realmente ayuda a que todo sea más atractivo si hacemos el recorrido desde la costa a Alberobello conduciendo uno de los últimos modelos de Ferrari. El Portofino es el sucesor del California presentado en 2008. Esto requiere una explicación, especialmente teniendo en cuenta que el antiguo nombre está firmemente arraigado en la tradición de Ferrari. “El nuevo nombre se relaciona más bien con un vino que se toma de postre”, bromea uno de los periodistas presentes. En italiano, Portofino debería sonar de forma que quedara claro que se trata de un automóvil completamente nuevo. El cambio del modelo California a California T no cumplía esa máxima. No supuso una buena denominación, pensaron en Ferrari.

 

 

El equipo que gira alrededor del jefe de diseño Flavio Manzoni, junto al jefe de proyecto Werner Gruber, se ha asegurado de que el Portofino sea claramente diferente: musculoso, masculino y proporcionado, todo mucho más marcado que el algo rechoncho California.

 

 

Se ve más elegante, especialmente con el techo cerrado. El progresivo perfil del California ha cambiado; el techo rígido retráctil marca una línea recta, como en un fastback. El Daytona ha servido de inspiración, nos indican en la marca de Maranello. Igualmente nueva es la construcción del techo, realizada en una aleación de aluminio. Se abre incluso en marcha (hasta 40 km/h) pulsando un botón, escondiéndose mientras se pliega por completo en la cajuela, dejando espacio de carga libre para ubicar hasta tres trolleys de cabina o - gracias al hueco que abre una portezuela en el respaldo-, incluso, bolsas de golf o esquís. Con 14 segundos (el techo invierte tres menos en abatirse de lo que necesitaba el California T), se hace la operación de abrir el techo del nuevo Ferrari, lo cual es bastante rápido.

 

 

Otros dos botones de fácil acceso sirven para esconder rápidamente las cuatro ventanas laterales. Y también un botón, éste situado en la parte inferior izquierda del volante, es el que hace que el ocho cilindros cobre vida. Las aletas que controlan el sistema de escape se accionan eléctricamente. El V8 de 3.9 litros no suena igual en el momento de arrancar, porque las aletas permanecen cerradas. Pero incluso con una leve aceleración desde el ralentí el motor comienza a rugir rápidamente.

 

 

Una mirada al “Manettino” en el volante nos confirma que estamos en modo “Confort”. Bueno, eso es todo... Engranamos la primera velocidad y nos ponemos en marcha; el Ferrari comienza a crujir sobre el camino de grava del hotel. "Despacio", nos había advertido el fotógrafo para no tener que lavar enseguida el coche de nuevo. Seguimos lento cuando llegamos al asfalto, pero la carretera pronto empieza a serpentear entre olivos y muretes en dirección al este, mostrando una pequeña válvula de escape para el Ferrari.

 

 

El motor turbo ahora rinde 600 caballos, ofreciendo un par máximo de 760 Nm, disponibles entre 3,000 y 5,000 rpm. El área roja del tacómetro comienza en 7,500 rpm. El motor no muestra “efecto turbo”, no hay retraso alguno en la entrega de potencia explican los ingenieros de Ferrari. No, realmente no ocurre, y tampoco se siente vacío alguno a altas revoluciones, ajustando el par en función de la carga y de la velocidad del bien afinado motor que emite una atractiva melodía al dar gas, al abrirse las válvulas de admisión y escape.

 

 

El ocho cilindros –como todos los V8 de Ferrari desde principios de los 70– tiene un cigüeñal calado a 180 grados, pero su sonido no es el habitual de un V8, parece más como un cuatro cilindros “embravecido”. Podemos reflexionar sobre ello mientras seguimos conduciendo el Portofino, porque el camino aún atraviesa áreas densamente pobladas.

 

 

El asfalto resulta bastante irregular, lo que se presenta como una oportunidad para comprobar cómo trabajan los amortiguadores adaptativos. Y podemos decir que resultan efectivos, absorbiendo con naturalidad los baches y ofreciendo un confort de suspensiones notable para un convertible tan rápido. Cabe destacar también la rigidez de la carrocería: no se notan crujidos ni torsiones y el parabrisas delantero no vibra como ocurre en muchos cabrios; el Portofino parece inquebrantable.

 

 

El flujo de aire que llega al habitáculo es moderado, desviado con efectividad por el borde del parabrisas delantero. Los ocupantes van sentados bajos y se sienten bien protegidos sobre el fino cuero de los asientos. Estos son cómodos y sujetan con firmeza el cuerpo, y el espacio delante es amplio incluso para adultos muy altos. Las dos plazas traseras son hábiles únicamente para ser utilizadas por niños. En dirección a Fasano, la carretera serpentea según nos acercamos a la costa, donde apenas encontramos tráfico. Aprovechamos para colocar el “Manettino“ en modo Sport y aceleramos a fondo.

 

 

El V8 muestra todo su poder al acelerar, mientras en el volante las luces de conmutación parpadean hasta el límite, indicándonos la transición entre cada marcha. Un espectáculo que se puede entender como una nueva etapa en Ferrari, aplicado en el nuevo Portofino como también en su hermano 488 y su salvaje motor central.

 

 

Por supuesto, las cifras de rendimiento son ligeramente mejores que en el California T, alcanzando en 3.5 segundos los 100 km/h e invirtiendo aproximadamente 11 segundos para llegar a 200 km/h, pero las diferencias son mínimas. La dirección al principio se siente ligera, pero al aumentar nuestra velocidad ofrece un excelente tacto y transmite total confianza. ¿Problemas de tracción al acelerar con decisión? Para nada.

 

 

Al llegar a Fasano las primeras casas desaparecen rápidamente. El Ferrari se desliza a través de una zona industrial hacia la autopista. El hotel queda a la derecha, al sur. Aprovechamos la oportunidad para conectar el navegador: Portofino, 944 km al norte; en 10 horas estaríamos allí.

 

Resumen técnico

MOTOR

Tipo/cilindrada: V8, 3,855 cc

Potencia máxima: 600 HP a 7,500 rpm

Par máximo: 760 Nm entre 3,000 y 5,250 rpm

TRANSMISIÓN

Caja: Manual robotizada, siete velocidades

Tracción: Trasera

Rendimientos oficiales

Velocidad máxima: 320 km/h

0 a 100 km/h: 3.5 s

 

 

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