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MINI Cooper S Convertible: prueba de manejo

En Pruebas | Lunes, 30 de Enero 2017

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Desde que apareciera su tercera reinterpretación, MINI ha dejado aún más claro un cambio de enfoque que no afecta su identidad de marca. Su nuevo descapotable también refleja la intención de conservar un manejo y un diseño distintivos, pero apuntando hacia una mayor versatilidad en el uso diario.  
 

Por Manuel Fernández (@Mfer_89)                     Fotos: Carlos Quevedo

 

Tal como en su versión de carrocería cerrada, el Convertible sufre las modificaciones propias del cambio de generación, con una plataforma que implica crecimiento en prácticamente todas las dimensiones –10 centímetros a lo largo es mucho– y una gama de motores a gasolina que ha dado excelentes resultados.

 

 

Por supuesto, el espacio aumenta y atrás hay unos pocos centímetros de más para las piernas. A lo ancho, de los 127 cm entre codos de un MINI Hardtop actual en la segunda fila, quedamos en 112 para el Convertible. La cajuela, siempre que no esté el coche descapotado, pasa de los 170 litros de antes a 215, que se reducen a 160 si se pliega el toldo, lo que obliga a acomodar una pequeña bandeja que separa la carga del techo doblado.

 

 

Una idea tomada del Serie 4 Convertible, si bien adaptada para el MINI, es que el acceso al portaequipajes se agranda y además de la apertura invertida del pequeño portón, se puede levantar la parte del techo de lona para depositar objetos voluminosos con más facilidad. Esta solución, aunada a los usuales refuerzos estructurales o el sistema de los arcos antivuelco, suma 120 kg en relación a un Cooper S automático convencional.

 

 

El MINI, sea cual sea, apela a la fórmula de cambiarlo todo pero, al mismo tiempo, mantenerlo igual, su esencia depende de muchos componentes visuales que sobreviven y eso se traduce en un interior que pareciera dar mayor prioridad al diseño. De ahí algunos interruptores tipo palanca o el trabajo de las luces ambientales. Sigue existiendo en este Cabrio el gran nivel en acabados por el uso de mullidos costosos en plásticos, texturas elaboradas o una piel muy agradable. La postura de mando también convence si se gusta de la conducción y si se mide menos de 1.80 metros, las corrientes al viajar al aire libre no serán un problema, aunque, eso sí, el ruido se tornará más difícil de tolerar si se superan cruceros de 120 ó 130 km/h. Y así se lleve el cortavientos opcional (que inutiliza los asientos traseros) circulando muy rápido, la despeinada está asegurada.

 

 

Si incluso en el John Cooper Works es evidente cómo el MINI se ablandó en relación a la pasada iteración, que a su vez ya trataba de ser más confortable que el primer MINI retro, ese fenómeno se marca más en el Convertible al estar muy enfocado a un conductor que no lo exigirá tanto. En condiciones normales, casi no se notará el peso extra y la menor rigidez torsional. Solo en asfaltos no del todo homogéneos y en vías muy reviradas algún crujido del marco del parabrisas o de los paneles interiores detrás de las puertas tenderán a delatarse. Y sí, la carrocería cederá más al abordar una curva a buen ritmo... lo importante es que al final el nivel de agarre sigue siendo muy alto. El tacto de la dirección mantiene su excelencia entre los autos de su tipo por lo consistente del nivel de asistencia y la retroalimentación, aunque esa inmediatez y precisión absoluta de los MINI pasados se convierte en un retraso a veces imperceptible al girar. 

 

 

Su motor es el único que no parece alterarse por los sacrificios propios de un convertible y esa masa de más no afecta una aceleración contundente y una respuesta elástica, homogénea y refinada, que además hace una gran mancuerna con una de las mejores transmisiones automáticas en el mercado (entre las que quedan de seis cambios) por el gran equilibrio de una excelente suavidad al circular en ciudad y la brillante obediencia y rapidez en modo deportivo, o al pasar de marchas manualmente. Es un goce jugar con las levas tras el volante y la transmisión manual no se extraña tanto. Si acaso, solo haría falta un poco más de firmeza de los frenos cuando adquieren temperatura.

 

 

Al ser la alternativa menos purista y en su lugar apuntar a fines más lúdicos, el Cabrio resulta de los más favorecidos en la renovación de gama, pues mientras el JCW o un S convencional puede que sean menos divertidos que antes a ojos del más entusiasta de la conducción exigente, en este auto pensado para los más paseadores y relajados, ese enfoque más versátil y cómodo es más que bienvenido.

 

 

Unidad probada

545,900 pesos (a fecha de la prueba)

 

NOS GUSTA

-      Impecable conjunto motor-caja

-      Calidad en acabados

-      Elevadísima estabilidad

 

NOS GUSTARÍA

-      Menos crujidos interiores

-      La caja de ocho cambios del Clubman

-      Que no se obligue al uso de runflats

 

Resumen técnico

MOTOR

Tipo/cilindrada: L4, 2.0 l

Potencia máxima: 192 HP a 5,000 rpm

Par máximo: 300 Nm a 1,250 rpm

TRANSMISIÓN

Caja: Automática, seis velocidades

Tracción: Delantera

DIMENSIONES

Largo x ancho x alto: 385 x 172 x 141 cm

Distancia entre ejes: 249 cm

Cajuela: 160-215 litros

Peso vacío: 1,370 kg

PRUEBAS AUTOMÓVIL (a 2,240 msnm)

0 a 400 metros: 15.29 s

Rebase 80 a 120 km/h: 4.50 s

Frenado de 100 a 0 km/h: 37.95 m

Consumo medio: 11.2 km/l

 

 

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