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MINI Countryman 2017: primeras impresiones

En Primer contacto | Lunes, 03 de Abril 2017

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MINI pareciera resolver mejor que su hermana BMW sus productos sobre la arquitectura UKL2 y la segunda generación del crossover Countryman así lo demuestra. Primer contacto con el MINI más grande hecho hasta ahora.
 

Por Manuel Fernández

 

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El Countryman continúa con la completa renovación del portafolio MINI, que sin renunciar a un enfoque divertido por diseño y por conducción, ha perdido radicalidad en el sentido de que sus autos ahora tienden a ser más cómodos y refinados, lo que ha implicado sacrificar ciertas sensaciones al volante, pero conservando una esencia ágil que sigue diferenciando a MINI de otros fabricantes de perfil similar.

 

En menor medida, este fenómeno se repite con el Countryman, que se muestra más práctico virtud de un crecimiento impresionante de una generación a otra, pues 20 centímetros extra a lo largo es mucho en el mundo del automóvil. El Countryman ya era el MINI viajero, el más cómodo. Eso se repite en esta ocasión, solo que el silencio de marcha aumenta y su andar, sin renunciar a una comunicación permanente de lo que las llantas pisan, es más silencioso, permisivo y, definitivamente, mucho menos tosco que en los BMW construidos sobre la misma plataforma (Active y Gran Tourer, X1).

 

 

Lo entretenido que resulta de llevar lo da una dirección rápida y de gran precisión en toda circunstancia, que complementa una excelente estabilidad lineal y el buen apoyo del conjunto en curvas de mediana exigencia, siempre respondiendo con una asistencia bien graduada (algo menos dura en modalidad Sport) y apoyándose sobre unos frenos de mejor retroalimentación que en la comentada BMW X1.

 

Tal como lo percibimos en el Clubman hace un año (entre otros), la unión del impulsor de dos litros de 192 caballos (B48) con la caja automática de ocho velocidades es excepcional por lo intuitivo y efectivo de su funcionamiento, con rapidez suficiente en modo manual, reacciones siempre correctas al solicitar más aceleración y la tendencia a rodar casi siempre en el cambio idóneo de acuerdo a la situación. En modo “Green” llega a engranar neutral por sí misma para reducir el consumo en ciertos momentos de mucha inercia, mientras en Sport el escape se abre un poco más e incluso da pie a algún discreto petardeo. En la versión Chili nos hicieron falta las paletas tras el volante que sí se encuentran en la Sport.

 

 

Del interior, el nivel de terminación es en general bueno, aunque la evolución más clara está en la funcionalidad y facilidad de uso a bordo, con mandos menos complicados de operar y ubicados de una manera más lógica (gana muchos puntos la pantalla táctil en los más equipados). Elementos como la banca estilo picnic que sale debajo de la alfombra de la cajuela y aprovecha el borde de la defensa le dan un toque ingenioso. Ya entrando a apartados que por costumbre son buenos, vale la pena mencionar la excelente postura al volante y el abundante soporte de los asientos.

 

Esperen la prueba completa del nuevo Countryman, escrita por Gilberto Samperio, en nuestra edición 268.

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